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¡Feliz Cumpleaños, Reinaldo!

Hace unos días una amiga cuya madre tenía poco tiempo de haber fallecido, colocaba en su Facebook un mensaje diciendo que ese día ella estaría cumpliendo años. Inspirado por el Espiritu Santo recuerdo haberle colocado un comentario que más o menos decía así:

Tu mamá tiene ahora una nueva fecha de cumpleaños. Es el día en que se fue al cielo, al lado del Padre. El día en que para ella comenzó la vida verdadera. La vida eterna.

Visto así, resulta que hoy es el primer cumpleaños de Reinaldo, mi hermano, quien fuese llamado por el Señor para que se siente a su derecha y viva a su lado por los siglos de los siglos, un 24 de junio de 2010.

Hasta los niños se acordaron de esto. Ayer saliendo del colegio, Santiago por cuenta propia y sin yo haber mencionado nada, me dijo: “Papá, mañana se cumple un año de la muerte de Akiko, cierto?” (Akiko era el apodo que le daban nuestros hijos a su tío). Le respondí que así era y le expliqué lo del nuevo cumpleaños  que ahora tenía su amado tío. Santy de inmediato llegó a la obvia conclusión: Ahora mi tío tiene dos cumpleaños; uno en la tierra el 12 de Julio y otro en el Cielo el 24 de Junio.

Y eso es todo. Eso es lo único que importa. La certeza de que Reinaldo está mas vivo que nunca. Dejemos que el Señor nos consuele el día de hoy teniendo presente esta verdad y esperemos que en su infinita misericordia el reencuentro con el hijo-hermano-tío-esposo-padre-amigo Rey nos llene de gozo y de paz cuando nos toque hacer las maletas y mudarnos a la casa del Padre.

Descansa hermano. Descansa en paz.

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¿Por que los cristianos no lloramos ante la muerte?

Esa pregunta me la hizo hoy Samuel, nuestro hijo de 11 años de edad, cuando llegábamos a la funeraria tras la muerte de una hermana de las comunidades neocatecumenales quien se durmiese en el Señor en horas de la madrugada de hoy.

Antes de ofrecerle una respuesta, lo emplacé para que fuese el mismo quien descifrara el llanto distinto de los cristianos cuando estamos de cara a la muerte (porque los cristianos si lloramos, solo que de manera distinta. Mas abajo explicamos un poco).

Me alegró mucho escuchar a mi hijo explicar: “Los cristianos no lloramos porque sabemos que el que se muere, en verdad no se ha muerto. Solo se ha ido a vivir al cielo”. ¡Bien por ti, Samu, que a tu corta edad ya has captado la esencia del Evangelio!

Luego, para ayudar a aclarar un poco todo el asunto, María Claudia (la 3ra, de 6 años de edad) nos recordó como ella nos había visto llorar un poco durante el sepelio de su tío Reinaldo.  Y aquí si hizo falta la explicación: A pesar de ser conocedores de la buena noticia de que Cristo ha vencido a la muerte, los cristianos seguimos siendo seres humanos con sentimientos y por eso lloramos un poco, y sin desesperanza o desconsuelo.

Les pedimos a todos que incluyan en sus oraciones a la familia Colmenarez para que Dios les de consuelo, refugio y fortaleza y se acuerden siempre de que el Señor los está amando infinitamente a esta hora. Nosotros, desde La Iglesia en Casa les decimos: ¡Felicitaciones! ¡Tienen una santa en el Cielo!

De como la vida triunfa sobre la muerte

Este fin de semana ha resultado una confirmación para mí de que la vida triunfa sobre la muerte.  Tres circunstancias o eventos así lo atestiguan:

La mujer pro-abortos

El viernes he tenido una acalorada discusión (vía Twitter)  con una completa desconocida que defendía a capa y espada el supuesto derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y si se practican abortos o no. Resulta que la mujer aparte de defender el aborto, era atea y feminista. A simple vista era una discusión que no iba a llegar a ninguna parte, pero lo cierto del caso es que me dejó un extraño sabor en la boca.

La mujercita en cuestión diciendome que un feto no es un bebé.

La vida en abundancia

Pero Dios siempre misericordioso nos hizo un tremendo regalo para el resto del fin de semana: Unos amigos, hermanos catecúmenos, nos pidieron que cuidáramos a sus tres hijos mientras estaban en la convivencia del Padre Nuestro (uno de los pasos del Camino Neocatecumenal). Desde el viernes en la noche hasta el domingo en la tarde no fueron cuatro sino siete los niños que Dios puso a nuestro alrededor. Siete niños que bañar, llevar a la eucaristía y con los cuales rezar laudes el domingo por la mañana. Verdaderamente ha sido toda una bendición ver como el amor de Dios ha triunfado y la vida se ha multiplicado y prevalecido sobre la muerte.

Nuestros 7 hijos por un fin de semana

Y para que no quede la menor duda…

…el sábado en Londres nació Sofía, la cuarta hija de mi hermana Milana y su esposo Ruber. Nació en su casa, rodeada del amor de su padres y hermanas en lugar de en un quirófano, rodeada de doctores blandiendo afilados bisturís. Que el Señor bendiga a todos los matrimonios abiertos a la voluntad de Dios y  que la vida fecunda de estas familias sea testimonio para el mundo de que Cristo está vivo en medio de nosotros.

Adiós Francisco

Ayer el Señor nos volvió a visitar. Concretamente a la familia Melian, viejos amigos de los Silva Espinosa. Francisco, uno de sus hijos fue llamado por Dios para ir a habitar en las eternas moradas. Se ha dormido luego de una dura batalla con varias enfermedades que le aquejaban y ahora debe estar junto a Reinaldo, mi hermano, contemplando el rostro amoroso de nuestro Señor Jesucristo.

Tanto quería Francisco a Reinaldo que decidió seguirlo hasta la muerte. Tenían en vida una de esas amistades que a uno lo dejan boquiabierto y todos decían durante el sepelio que Francisco no pudo nunca superar la pérdida de su compañero de parrandas, peleas y viajes a la playa.

Morir e ir al cielo seguramente es romper con todo lo que conocemos y entrar en una dimensión completamente nueva y distinta, infinitamente mejor que cualquier cosa que nuestra escasa mente pueda imaginar. Y como esto es algo que simplemente no se puede poner en palabras, debemos recurrir a imágenes conocidas para poder visualizar lo bien que deben estar ahora mismo estos dos amigos.  ¿Estarán tomándose unas cervecitas mientras juegan dominó? ¿Tendrán una carne lista para la parrilla? Por supuesto que no. Estar sentados a la derecha del Padre no puede limitarse a las tonterías que hacíamos aquí en la tierra. Pero si imaginarnos estas cosas nos da consuelo y esperanza, pues que así sea.

Descansa en paz, Francisco. Me saludas a Rey.

No sabemos el día ni la hora

El día de ayer el Señor visitó al salón de Kinder B del Colegio San Vicente de Paúl, donde está nuestra pequeña Isabel.

Fue una de esas visitas que estremece y que a algunos hace dudar del amor de Dios.

Resulta que una niña de 5 años de edad que asistía a este kinder fue llamada por el Señor y ayer se durmió para despertar en las moradas eternas.

Fue un duro golpe. Un accidente automovilístico. Una de esas cosas que nadie se espera ni se explica. ¿Por que? ¿Por que a tan temprana edad? Toda la vida por delante. Apenas 5 años de edad.

Se nos olvida que el tiempo del Señor es perfecto. Que la vida no nos pertenece, que nos viene de Dios.

En una ocasión un catequista comentaba que toda vida comienza y termina en su momento preciso. Decía que no hay que vivir una larga vida y morir por causas naturales a una edad avanzada para considerar que una persona haya tenido una vida completa. También el hombre que muere en plena madurez ha vivido a plenitud. Al igual que la niña de 5 años e inclusive el feto que a veces muere por causas orgánicas dentro del útero.

Todo aquel que deja atrás este valle de lágrimas y se va para dar comienzo a la vida verdadera ha cumplido su misión en este mundo. Sin importar cuanto tiempo le tomó hacerlo.

Que no entendamos cual pudo haber sido la misión de esta criaturita es otra historia. Dejémosle ese asunto a Dios, mejor y recemos por su alma y por que sus padres y hermanas pueden hallar consuelo y refugio en el Señor.