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Publiquemos mentiras

Eso parece ser lo que los principales periódicos, revistas, blogs y cuentas de Twitter han decidido hacer a raíz de la salida a la luz pública el día de hoy del libro-entrevista que Benedicto XVI publicara junto con el periodista alemán Peter Seewald.

En dicha entrevista, ante la pregunta de si no sería un locura prohibir el uso de preservativos a una población en tan alto riesgo de contraer el SIDA como lo es la africana, el Santo Padre mencionó que incluso organizaciones seculares han señalado al condón como el último recurso después de la abstinencia y la fidelidad entre las parejas para evitar la contracción de la enfermedad. Posteriormente mencionó, a manera de ejemplo, el caso de un prostituto (así tal cual, en masculino) que use el preservativo como un primer indicio de una moralidad, un primer rasgo de responsabilidad para no dañar a la persona con la que se está teniendo sexo.

A raíz de esta afirmación se desató la locura en los medios de comunicación. Primero fue tanta la presión alrededor de una aclaratoria sobre el género masculino empleado por Su Santidad al hablar sobre el prostituto utilizado como ejemplo, que el Padre Federico Lombardi, portavoz del Vaticano tuvo que ir a preguntarle al Papa si había una importancia o problema concreto en torno al genero masculino o femenino en la declaración en cuestión. Luego, cuando Benedicto XVI dijo que no, se lanzaron los medios a publicar titulares diciendo cosas como: “El Papa autoriza el uso de condones a hombres y mujeres”, “La Iglesia autoriza el uso de condones”, “La iglesia Católica cambia su punto de vista: Ahora se puede usar el condón” y otros por el estilo. Muy bien; publiquemos mentiras.

Lo que nadie se molestó en mencionar fue lo que dijo el Papa en esa misma entrevista a continuación del controversial comentario: “Pero no es la forma de lidiar con la infección de VIH. Eso en realidad se halla únicamente en la humanización de la sexualidad”.

Señores, las cosas hay que tomarlas dentro de su debido contexto. De lo contrario, publiquemos mentiras.

Para los interesados aquí dejamos este artículo donde se hace un análisis exhaustivo de todo este arroz-con-mango que bien vale la pena tomarse un par de minutos en leer. Eso si; está en inglés. Nos disculpan esa.

 

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El Papa no aprueba el uso del condón

Parece un absurdo tener que titular esta entrada con algo tan obvio. Pero por supuesto que Su Santidad, el Papa Benedicto XVI no ha dicho jamás que está bien ponerse un condón para no tener más muchachos o para no contagiarse de SIDA.

Al parecer hay todo un revuelo gracias a algunos medios de comunicación que han tergiversado declaraciones que el Papa diera en una entrevista publicada en forma de libro bajo el título “El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos”. Allí lo que El Santo padre ha dicho es que  el camino para vencer el SIDA no es el preservativo, sino la humanización de la sexualidad.

En la entrevista que dio durante un vuelo a Camerún en marzo de 2009, al preguntarsele por la labor de la Iglesia en la lucha contra el SIDA, bastante extensa en todo el mundo y en especial en África, el Papa dijo que el camino para enfrentar esta enfermedad “puede encontrarse solamente en un doble esfuerzo: el primero consiste en una humanización de la sexualidad, es decir una renovación espiritual y humana que lleve consigo un nuevo modo de comportarse el uno con el otro”.

El segundo paso que propuso para esta tarea es el de “una verdadera amistad también y sobre todo con los que sufren, la disponibilidad, también con sacrificios, con renuncias personales, para estar con los sufrientes”.

La verdad es que no se por donde comenzar a ver en estas declaraciones que el Papa en momento alguno esté autorizando el uso del condón. Lo que si queda claro es el valor que tiene el sucesor de Pedro de visitar el continente africano, totalmente destrozado por el SIDA, para decir con firmeza que la solución al problema no está en lo más pragmático y directo, en lo que todos quisieran (y quizá de allí el origen a todo este “mal entendido”). Que el respeto al cuerpo humano y a la sexualidad como manifestación del amor entre un hombre y una mujer, por más complicado y anticuado que parezca, resulta ser la vía más eficaz de hacerle frente a esta enfermedad.