Esta mañana, haciendo el Oficio de Lecturas, nos encontramos con un texto de la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo; titulado “Santidad del matrimonio y de la familia”.
Me pareció sumamente importante compartirlo con ustedes por esta vía, considerando que vivimos en un mundo donde ciertas corrientes quieren hacernos tragar a la fuerza al fulano matrimonio gay y todo lo que esta aberración implica.
Sin mas que decir, a continuación les dejamos esta hermosa descripción cristiana de lo que es el matrimonio y la familia:
“El hombre y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne, con la íntima unión de personas y de obras se ofrecen mutuamente ayuda y servicio, experimentando así y logrando, más plenamente cada día, el sentido de su propia unidad.
Esta íntima unión, por ser una donación mutua de dos personas, y el mismo bien de los hijos exigen la plena fidelidad de los esposos y urgen su indisoluble unidad.
Cristo, el Señor, bendijo abundantemente este amor multiforme que brota del divino manantial del amor de Dios y que se constituye según el modelo de su unión con la Iglesia.
Pues, así como Dios en otro tiempo buscó a su pueblo con un pacto de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por el sacramento del matrimonio. Permanece, además, con ellos para que, así como él amó a su Iglesia y se entregó por ella, del mismo modo, los esposos, por la mutua entrega, se amen mutuamente con perpetua fidelidad.
El auténtico amor conyugal es asumido por el amor divino y se rige y enriquece por la obra redentora de Cristo y por la acción salvífica de la Iglesia, para que los esposos sean eficazmente conducidos hacia Dios y se vean ayudados y confortados en su sublime papel de padre y madre.
Por eso, los esposos cristianos son robustecidos y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado, gracias a este sacramento particular; en virtud del cual, cumpliendo su deber conyugal y familiar, imbuidos por el espíritu de Cristo, con el que toda su vida queda impregnada de fe, esperanza y caridad, se van acercando cada vez más hacia su propia perfección y mutua santificación, y así contribuyen conjuntamente a la glorificación de Dios.
De ahí que, cuando los padres preceden con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentran más fácilmente el camino de la bondad, de la salvación y de la santidad. Los esposos, adornados de la dignidad y del deber de la paternidad y maternidad, habrán de cumplir entonces con diligencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, deber que les incumbe a ellos principalmente.
Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen a su manera a la santificación de sus padres, pues, con el sentimiento de su gratitud, con su amor filial y con su confianza, corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como buenos hijos, los asistirán en las adversidades y en la soledad de la vejez.”

Yo tengo un sueño. Así se titula uno de los más grandes discursos de la historia, pronunciado por Martin Luther King un 28 de agosto de 1963 en medio de su lucha por los derechos civiles en los Estadios Unidos. A continuación les dejamos la descripción del sueño de otra persona. Un venezolano de nombre Laureano Marquez, comediante y crítico del gobierno semi-dictatorial y comunistoide que tenemos en este país.
“Yo tengo un sueño. Ya no sueño con un gobierno bueno, sino con uno malo que cambie cada cinco años, como cambiaban los gobiernos malos de antes, porque un gobierno malo de 13 años es mucho peor que varios malos de a cinco. He aprendido que un solo gobernante malo que se eternice hace mucho más daño que varios malos intercambiándose, porque en una de esas hasta por sentido de competencia, esos malos podrían hacer algo bueno.
