“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.”
El ser humano no comenzó en la calle. Ni en el accidente. Ni en la biología. Comenzó en una conversación eterna dentro de Dios sobre ti.
Hagamos. Plural. Antes de que la tierra fuera firme.
Y lo que ahí se dijo no fue que te iba a dar una cara. Ni un cuerpo. Ni siquiera una vida.
Lo que ahí se dijo fue una palabra hebrea: tsélem. Imagen. Y otra: demút. Semejanza. Juntas no significan "parecido físico" — Dios es espíritu, no tiene cara. Significan carácter. Forma de pensar. Forma de querer. Forma de amar.
Una estatua viva de Dios puesta en la tierra. Eso eras.
Y se rompió
No "se manchó". No "se debilitó". No "quedó un poco lejos".
Romanos 3 · 23“Destituidos de la gloria de Dios.”
Destituidos. La palabra es absoluta. No te quedó nada de esa gloria en el bolsillo. No guardaste un pedacito en el corazón. Naciste sin ella.
Pablo lo dice en griego con una palabra más dura todavía: nekrós. Cadáver. No enfermo. No alejado. Cadáver espiritual.
Y eso es lo primero que el evangelio humanista no te va a decir jamás, porque no vende.
El evangelio humanista te dice:
El Propósito Eterno
No es que Dios tenga un plan para que tú prosperes. Es que Dios tiene un Propósito Eterno — y ese propósito no gira alrededor de ti. Gira alrededor de Su Hijo.
Romanos 8 · 28-30“A los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”
El Propósito Eterno no es tu prosperidad. Es que Dios tenga una gran familia de hijos conformados a la imagen de Cristo. Tú eres un hermano entre muchos, no el centro.
Y si crees que es poco, no entendiste.
Porque lo que empezó en Génesis 1 como una estatua de barro hecha a imagen de Dios, termina en Cristo como un pueblo entero glorificado a la imagen del Hijo.
La redención no te devuelve al Edén. Te lleva más lejos.
Adán era imagen hecha. Tú serás imagen engendrada — en Cristo, por el Espíritu.
El árbol al que vas no es el árbol del cual caíste. El segundo árbol es una cruz. Y bajo esa cruz se reconstruye todo.
Cristo en ti
Pablo escribió una palabrita de dos letras 1,903 veces en el Nuevo Testamento. En griego: ἐν. En.
No "con". En.
Y ahí está Colosenses 1:27 — el versículo que la religión ha convertido en calcomanía y Pablo escribió como una bomba:
Colosenses 1 · 27“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.”
No es que Cristo camine al lado tuyo. No es que esté contigo cuando te portas bien. No es tu compañero espiritual.
Es que Cristo está dentro de ti. Y tú estás dentro de Cristo. Fusión ontológica. Inhabitación activa. Una potencia que genera fuerza y poder de Dios, no una presencia pasiva que te acompaña.
Gálatas 2 · 20“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.”
No es poesía. Es el mecanismo del Propósito Eterno.
Ekklesía, no auditorio
Y aquí es donde el sistema religioso institucional se queda corto.
Te enseñó a ir a un edificio a recibir de un profesional una hora semanal. Te enseñó que la vida "sagrada" es el domingo y la vida "secular" es el resto. Te enseñó a buscar un plan personal cuando Dios está ejecutando un propósito corporativo.
Volver al diseño no es reformar la iglesia. Es volver a Hechos 2, no a Wittenberg 1517.
El Propósito Eterno no se cumple los domingos en un auditorio. Se cumple en un pueblo — una ekklesía, una asamblea convocada — viviendo a Cristo EN casa, EN la mesa, EN el trabajo, EN cada respiración.
Cuando Pablo dice "para que seáis conformes a la imagen de su Hijo", no está hablando de una experiencia emocional del domingo. Está hablando de que tu vida entera se vaya amoldando, de gloria en gloria (2 Co 3:18), a Cristo. El Espíritu tallando la imagen.
Respira. No respondas rápido.
“Todo lo que no se sostiene en Cristo, se sostiene en tinieblas. Y lo que está en tinieblas, no llega.”
No respondas rápido. Respira. Siéntate en la pregunta hasta que duela.