“Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.”
El sistema religioso contemporáneo tiene un problema que no puede disimular.
Cada iglesia, cada denominación, cada movimiento, cada red, cada ministerio — tiene una cabeza visible. Un hombre al frente. Un fundador carismático. Un apóstol autoproclamado. Un pastor principal. Un patriarca denominacional. Un líder global.
Y el pueblo está entrenado para rendirle honor. Para mencionarlo antes que a Cristo en los boletines. Para promover sus libros. Para pagarle los viajes. Para traerlo como invitado estelar. Para identificar su ministerio por el nombre del fundador — "Ministerio X", "Iglesia Y", "Red Z", todos llevando el apellido del hombre en la fachada.
Y Pablo, desde la cárcel de Roma, escribió una frase que demuele esa arquitectura entera.
Colosenses 1 · 18“Él es la cabeza del cuerpo.”
Él. Singular. Cristo. Uno.
No Cristo y un apóstol moderno. No Cristo y el fundador del movimiento. No Cristo y el pastor principal.
Cristo. Una sola cabeza. Un solo cuerpo. Una sola autoridad vertical.
La preeminencia
Y Pablo refuerza la exclusividad con una palabra más.
Colosenses 1 · 18“Para que en todo tenga la preeminencia.”
Preeminencia. El primer lugar. El puesto supremo. El rango sin comparación. En griego, una palabra que significa literalmente ser el primero — sin segundo que le haga sombra.
En todo. No solo en la doctrina. No solo en la salvación. No solo en el cielo algún día. En todo. En la ekklesía. En la enseñanza. En las decisiones. En las finanzas. En la visión. En el pastoreo. En la disciplina. En el gobierno.
Cristo es primero en cada uno de esos terrenos. Y cuando otro hombre se instala al frente de cualquiera de ellos como "el que tiene la última palabra" — está ocupando un lugar que pertenece a Cristo solo.
Cabeza sobre todas las cosas
Y Pablo no suelta el golpe. Repite la misma verdad en Efesios:
Efesios 1 · 22-23“Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”
Léelo despacio. Léelo sin el filtro denominacional.
Dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia. Le dio. Es don del Padre. Posición entregada por Dios mismo. No es algo que Cristo comparte — es algo que el Padre le otorgó en exclusiva. A nadie más. Solo a Él.
Y aún así el cristianismo contemporáneo opera bajo una suposición opuesta: que la iglesia necesita otra cabeza visible al lado de Cristo. Un vicario. Un representante. Un apóstol moderno. Un pastor principal con oficina más grande. Un cubridor espiritual que "cuida" al rebaño en nombre del Buen Pastor.
Y mentira que contradice directamente a Pablo, a Efesios, a Colosenses.
Cristo no delegó su cabeza a nadie. Cristo no comparte su preeminencia con nadie. Cristo no nombró un reemplazante visible en la tierra. Cristo no fundó una clase profesional que lo represente.
Él mismo es la cabeza. Él mismo gobierna el cuerpo. Él mismo dirige mediante su palabra, su Espíritu, y el plural de ancianos que le obedecen a Él — no que reemplazan su oficio.
Contra los pastores
Y hay una frase del Antiguo Testamento que Pablo tiene en la sangre cuando escribe estas cosas.
Ezequiel treinta y cuatro. Dios habla contra los pastores de Israel que se habían puesto al frente del pueblo como si fueran ellos los dueños del rebaño.
Ezequiel 34 · 10“Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas.”
Yo estoy contra los pastores. No "contra algunos". No "contra los malos". Contra los pastores — como clase — que se han instalado sobre el rebaño de Dios como si fueran ellos los propietarios.
Y Dios continúa, en el mismo capítulo, con una promesa mesiánica que cumple Cristo:
Ezequiel 34 · 15“Yo mismo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tomar descanso, dice Jehová el Señor.”
Yo mismo. El pastoreo no se delega. El rebaño es de Dios. Y cuando los hombres se instalan como cabezas visibles sobre lo que pertenece a Cristo — Dios está contra ellos.
El Cristo del Nuevo Testamento es el cumplimiento de ese "yo mismo" del Antiguo Testamento. Él es el pastor. Él es la cabeza. Él es el dueño. Él mismo.
La cabeza visible
Y aquí está el diagnóstico para tu iglesia.
¿Quién es la cabeza visible?
Si cuando le preguntas al pueblo "¿quién dirige esta iglesia?", el primer nombre que sale es el nombre de un hombre — no el nombre de Cristo — entonces Cristo no es la cabeza operativa. Es la cabeza decorativa.
Si las decisiones finales las toma un hombre con oficina más grande — Cristo no es la cabeza. Es el logo en el letrero.
Si la visión de la iglesia se llama "la visión del pastor X" — Cristo no es la cabeza. Es el patrocinador simbólico.
Si el ministerio lleva el nombre, la foto, la marca personal de un hombre — Cristo no es la cabeza. Es el proveedor de validación espiritual al emprendimiento de otro.
Y cada una de esas estructuras — sin importar cómo se justifique, sin importar cuánto se hable de Cristo desde su púlpito — está operando en contradicción directa con Colosenses uno dieciocho.
La Cabeza verdadera
Y esto se vuelve más filoso cuando uno lee lo que Pablo escribe al final de Colosenses dos.
Colosenses 2 · 18-19“En vano hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.”
No asiéndose de la Cabeza.
Esa es la descripción del sistema religioso moderno. Una máquina que aparenta estar en Cristo — pero que en la práctica no se aferra a Él. Se aferra al hombre visible. Se aferra al programa. Se aferra a la tradición. Se aferra al método. Se aferra al líder.
Y al aferrarse a otra cabeza, pierde la nutrición que solo viene de la Cabeza verdadera.
El cuerpo muere cuando otro toma el lugar de la cabeza. Aunque camine. Aunque hable. Aunque parezca fuerte. Está muerto en el principio que le daba vida.
No es Cristo Y el pastor principal. No es Cristo Y el apóstol moderno. No es Cristo Y el fundador del movimiento.
Es Cristo. La cabeza. En exclusiva. En preeminencia. En todo.
Respira. No respondas rápido.
“Y el cuerpo que se aferra a Él crece con el crecimiento que da Dios. El cuerpo que se aferra a otro, se marchita sin darse cuenta.”
No respondas rápido. Siéntate en la pregunta hasta que duela. Aférrate a la Cabeza.