AMANECER
Viernes · Día 019

No busques la iglesia — SÉ la iglesia

No asistas. Sé.

Descargar audio
1 Pedro 2 · 5

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Hay una frase que atraviesa el cristianismo contemporáneo como una obsesión constante.

"Estoy buscando una iglesia."

La dicen los que llegan a una ciudad nueva. La dicen los que acaban de convertirse. La dicen los que se sintieron heridos en la anterior. La dicen los que la dejaron hace años y quieren volver. La dicen los que nunca la encuentran porque ninguna les llena las expectativas.

Y el sistema religioso les responde con el mismo vocabulario.

"Te ayudo a buscar una iglesia que te sirva."

"Prueba esta, si no funciona, prueba la otra."
"Busca un lugar donde te sientas en casa."
"Al final vas a encontrar la iglesia perfecta para ti."

Vocabulario de consumidor. Vocabulario de cliente buscando servicio. Vocabulario de espectador evaluando ofertas.

Y ninguna de esas frases aparece en el Nuevo Testamento.

Piedras vivas

Porque el apóstol Pedro, cuando les escribe a los cristianos dispersos por el imperio, no les dice "busquen una iglesia".

Les dice algo radicalmente distinto.

1 Pedro 2 · 5

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo.

Léelo despacio.

Vosotros. Los destinatarios — los creyentes dispersos — son ellos mismos el material de construcción.

Como piedras vivas. Cada uno es una piedra. No observador del edificio. Material del edificio.

Sed edificados como casa espiritual. Dejaos formar como edificio. La casa espiritual no está ahí afuera esperándote. La casa espiritual eres tú — tú y los otros creyentes — edificados unos sobre otros, con Cristo como piedra angular.

Sacerdocio santo. No vas al sacerdocio. Eres el sacerdocio.

Y entonces la pregunta se invierte.

No "¿dónde está la iglesia?". Sino: "¿dónde estás tú — y dónde están los creyentes que te rodean — porque ahí está la ekklesía que Cristo constituyó?"

El modelo contemporáneo

Y esta inversión demuele todo el modelo contemporáneo.

Porque el modelo contemporáneo trata a la iglesia como un lugar donde vas. Un servicio que consumes. Una institución con la cual te afilias. Una organización que te ofrece productos espirituales — predicación, música, cuidado pastoral, programas para tus hijos, consejería matrimonial, estudios bíblicos por edad.

Tú eres el cliente. La iglesia es el proveedor. Vas a recibir. Si no te gusta, te vas.

El Nuevo Testamento desmantela ese modelo entero.

La ekklesía no es el proveedor. Eres tú. Tú eres la piedra viva. Tú eres el sacerdote. Tú tienes el don que el cuerpo necesita — "cada uno tiene salmo, tiene doctrina, tiene revelación" (1 Co 14:26). Tú eres miembro del cuerpo con función indispensable — "los miembros del cuerpo que parecen más débiles son los más necesarios" (1 Co 12:22).

El pueblo no asiste a la iglesia. Constituye la iglesia. El pueblo no consume ekklesía. Es ekklesía.

Vosotros sois

Y Pablo lo dice con una imagen que a veces pasamos por alto.

1 Corintios 12 · 27

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Vosotros sois. Presente indicativo. Ya lo son. No serán cuando lleguen al edificio correcto el domingo siguiente. Son. Ahora. Donde están.

Y esto aplica a cada creyente, en cada lugar, en cada momento. Si eres de Cristo, eres miembro del cuerpo. El cuerpo no está en un edificio. El cuerpo está donde están los miembros.

Y cuando dos o tres miembros se reúnen en el nombre de Cristo — según la palabra del mismo Señor — allí está Él en medio de ellos (Mt 18:20).

No en el templo consagrado. No en el edificio con letrero. No en el programa oficial.

Donde están los miembros.

La eran

Por eso los primeros cristianos nunca buscaron la iglesia. La eran.

Cuando se mudaban de ciudad, no andaban buscando la congregación donde encajar. Llegaban y se convertían en la ekklesía local junto con los otros creyentes que encontraban. En casas. En talleres. En hogares abiertos.

Cuando se reunían, no iban a un edificio construido previamente. Formaban la reunión con su presencia. La asamblea surgía porque ellos llegaban.

Cuando adoraban, no contrataban a un profesional para que los llevara en la adoración. Ellos mismos — cada uno — traía su parte. Salmo. Doctrina. Revelación. Interpretación. Todos sacerdotes. Todos participantes. Todos constitutivos.

Y cuando salían a predicar el evangelio, no los respaldaba una organización matrilineal. Los respaldaba el Espíritu que habitaba en ellos — individualmente y corporativamente — como miembros del cuerpo de Cristo.

De consumidor a constituyente

Y este giro — de consumidor a constituyente, de asistente a miembro, de buscador a ser — es lo que quiebra al cristianismo de espectadores.

Porque mientras tú buscas la iglesia, eres pasivo. Otros definen lo que es, cómo se hace, quién predica, quién dirige. Tú solo entras al edificio o sales de él. Evalúas, comparas, eliges, te vas.

Cuando tú eres la iglesia — en casa, con tu familia creyente, con los otros miembros del cuerpo que el Espíritu ponga en tu camino — eres activo. Aportas tu don. Ofreces tu vida como sacrificio espiritual. Pastoreas y eres pastoreado. Enseñas y eres enseñado. Disciplinas y eres disciplinado. Constituyes lo que antes consumías.

Y esa es la vida apostólica. No espectadores esperando el próximo show. Sacerdotes ofreciendo sacrificios. Piedras vivas edificándose mutuamente. Miembros funcionando bajo una sola cabeza.

Consecuencia práctica

Y hay una consecuencia práctica que el sistema no quiere que saques.

Si la ekklesía no es un edificio, puedes ser ekklesía hoy, en tu casa, con los creyentes que Dios ponga en tu puerta.

No necesitas un permiso denominacional. No necesitas una ordenación clerical. No necesitas un edificio. No necesitas un presupuesto. No necesitas un programa. No necesitas un clero profesional.

Necesitas creyentes que sean piedras vivas y una Biblia abierta y el Espíritu de Cristo habitando en ustedes.

Con eso basta. Porque con eso empezó en el año treinta y tres. Y con eso conquistó el imperio durante casi trescientos años.

Todo lo demás que se fue agregando después — el edificio, el clero, el programa, el denominacionalismo — es añadidura humana a algo que Dios ya había terminado.

NO busques la iglesia. NO consumas la iglesia. NO asistas a la iglesia.

Eres piedra viva. Eres sacerdote santo. Eres miembro del cuerpo.

Sé la iglesia.
Pregunta para hoy

Respira. No respondas rápido.

Y en el momento en que lo hagas — ya no estás buscando la iglesia. La eres.

¿Cuánto tiempo llevas "buscando la iglesia perfecta"?
¿Tienes a un hermano creyente al otro lado de tu mesa? Entonces tienes ekklesía en potencia.
¿Tienes una familia que conoce a Cristo? Entonces tienes ekklesía en potencia.
¿Tienes vecinos, amigos, coworkers que son de Cristo? Entonces tienes ekklesía en potencia.

No respondas rápido. Siéntate en la pregunta hasta que duela. Abre tu Biblia. Abre tu mesa. Abre tu casa.

“Más glorioso que el Edén.”

AMANECER · La Iglesia en Casa